Hace cinco siglos, a 500 kilómetros de Colombia, unos marineros descubrieron la isla de Malpelo, inicialmente percibida como un castillo emergiendo en el horizonte. En realidad, no era más que la punta de una cresta montañosa sumergida que se extiende por más de 300 kilómetros. En ese momento, nunca podrían haber imaginado la riqueza de la vida oceánica escondida bajo la superficie, a más de 4000 metros de profundidad. ¡Un verdadero soplo de maravilla!

Un tesoro biológico excepcional
Malpelo pertenece a esas tierras aisladas del Pacífico tropical oriental, rebosantes de biodiversidad única. Al igual que las islas Darwin y Wolf en Galápagos y la isla Cocos en Costa Rica, Malpelo es un lugar mítico para buzos, exploradores y biólogos marinos. Las formaciones de la isla capturan las corrientes oceánicas, provocando una subida de aguas profundas y nutritivas a la superficie. La luz solar, junto con estos nutrientes, favorece el florecimiento de la vida marina.

Es por esta razón, sobre todo, que las aguas que rodean la isla de Malpelo son tan ricas en tiburones y grandes depredadores. «Los cardúmenes de peces, de tiburones martillo y de otras especies son impresionantes», testifica el Dr. Sebastian Troëng, vicepresidente ejecutivo de CI (Conservation International). «Las criaturas oceánicas que habitan estas islas aisladas son verdaderamente únicas», añade.
¿Te ha gustado este extracto?
Lee el artículo completo.
TIEMPO DE LECTURA ≈ 8 min
Sumérgete en el corazón de la Revista ¡BUCEA!
Para disfrutar de este artículo y de su contenido exclusivo, se requiere una modesta participación.