La Antártida, accesible solo durante dos o tres meses en el verano austral, ofrece una aventura sin igual. Navegar a vela en estas aguas heladas aporta una dimensión única al viaje, donde el tiempo parece suspendido y las incertidumbres dan a los paisajes y encuentros con animales un sabor inédito. Karine Berthonnet y Damien Cudel comparten con nosotros su experiencia inolvidable.
Una partida muy esperada
El viaje está previsto para principios de febrero, la época más cálida durante la cual el continente se vuelve accesible. Las temperaturas oscilan entre -1 °C y +7 °C en la península, mientras que las noches, de 23 h a 5 h, pueden ser gélidas, con la cubierta del barco a menudo cubierta de nieve y hielo.
La Antártida, cuya superficie se triplica en invierno gracias a la expansión del hielo marino, es tan vasta que es imposible explorar más que una parte diminuta. Antes de nuestra partida, no éramos conscientes de las inmensas distancias a recorrer desde Ushuaia. Viajar en este continente a vela es experimentar de manera tangible la dilatación del tiempo y del espacio.

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