Imagina un lugar donde reposan un centenar de naufragios: barcos, aviones, submarinos, testigos de una ardua batalla entre la Flota Combinada de la Armada Imperial Japonesa y los portaaviones estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. Estos naufragios, que no han sido despojados por chatarreros, se encuentran a profundidades razonables que van de 30 a 50 metros, haciendo su exploración casi tan accesible como una visita al museo. Cada naufragio cuenta una historia, ofreciendo una multitud de artefactos por descubrir. Este sueño de exploración se llama: Truk Lagoon.

Un pasado olvidado
Truk (o Chuuk en micronesio), apodado « La Laguna de los barcos perdidos » por el Comandante Cousteau en su película de 1969, fue durante mucho tiempo desconocido. Situado en el corazón del Pacífico, perdió su importancia estratégica al final de la guerra, sumergiéndose en el olvido. Philippe Cousteau y su equipo pasaron dos meses en el lugar, descubriendo numerosos naufragios aún intactos. Estos naufragios, ahora cubiertos de corales, actúan como arrecifes naturales y están clasificados entre museos submarinos donde los artefactos de guerra se dejan en su lugar, preservados por la ley. Esto lo convierte en un verdadero paraíso para los apasionados de naufragios.

A pesar de la necesidad de atravesar el planeta y cambiar varias veces de avión, lo que hace que el destino sea menos frecuentado por los buceadores francófonos, la llegada al aeródromo de Truk es un verdadero cambio de escenario. Te transportas a los años 70: el país es uno de los más pobres del mundo, con la copra y las conserveras de atún como principales recursos, mientras que la población depende de la ayuda internacional. El buceo y la exploración de naufragios constituyen la única actividad turística significativa.
¿Te ha gustado este extracto?
Lea el artículo completo.
TIEMPO DE LECTURA ≈ 9 min
Sumérgete en el corazón de la Revista ¡SUMÉRGETE!
Para disfrutar de este artículo y su contenido exclusivo, se requiere una modesta contribución.