¡Laurent Ballesta, Fotógrafo de Vida Silvestre del Año por cuarta vez!
Este año, Laurent Ballesta, fotógrafo naturalista de renombre, ha sido nuevamente coronado como Fotógrafo de Vida Silvestre del Año por su excepcional portafolio. Nos abre las puertas a un mundo fascinante, el de los cangrejos herradura, esas criaturas enigmáticas que recorren los fondos marinos desde hace 150 millones de años.

Encuentro con una sobreviviente de los tiempos antiguos
Observar un cangrejo herradura es como retroceder en el tiempo. Su desplazamiento torpe, tanto remador, caminante y troteador del fondo, testifica una existencia fuera del tiempo. Nada parece haberlo obligado a evolucionar. Su andadura robusta y su aspecto inmutable lo convierten en un verdadero sobreviviente, habiendo atravesado las edades sin verse afectado por las crisis ecológicas que han diezmado a otras especies, incluso más rápidas. Los dinosaurios han desaparecido, pero el cangrejo herradura, él, todavía está aquí. Un discreto sobreviviente que impone respeto.

Un fósil viviente inalterado desde hace eones
Desde hace 150 millones de años, el cangrejo herradura recorre los fondos marinos sin que su morfología evolucione. Laurent Ballesta comparte su experiencia: « Nado a su lado desde hace sólo 3 horas, y la sigo sin dificultad. Se parece más a un blindado que a un caza. » Este artrópodo marino, más cercano a la cochinilla gigante que a la langosta, luce una carapace sencilla: una única concha circular cubriendo cabeza y tórax, decorada con algunas espuelas disuasorias. Sus « ojos » son periscopios laterales, radares sensibles a la luz que distinguen día de noche, más que verdaderos órganos de visión.

Inmersión nocturna y descubrimiento de la isla de Pangatalan
Después de tres horas de exploración, la noche cae rápidamente bajo el agua, un fenómeno debido a la refracción. Los rayos del sol, inclinados, se retiran, sumergiendo el océano en la oscuridad. La inmersión termina, y el equipo regresa a la isla de Pangatalan, un pequeño islote de 4 hectáreas al noreste de Palawan, en Filipinas. Una morada inesperada los acoge, fruto del arduo trabajo de Fred y Chris Tardieux, un par de franceses apasionados que decidieron instalarse allí y restaurar su ecosistema.

Pangatalan: una isla que renace de sus cenizas
Durante diez años, Fred y Chris, ayudados por los habitantes locales, han replantado 60,000 árboles y plantas, así como 10,000 manglares para reformar el manglar. Luego emprendieron la restauración del arrecife de coral, llamando al biólogo marino Thomas Pavy para establecer un diagnóstico ecológico y trabajar para clasificar la isla como reserva natural. Juntos han instalado cerca de 300 módulos de concreto para fijar los corales rotos, favoreciendo así el rebrote de los arrecifes naturales. En 2016, la isla se declara oficialmente área marina protegida por el gobierno filipino.

Un ecosistema en convalecencia
Pangatalan vuelve de lejos, habiendo sufrido la deforestación y la sobrepesca. A pesar de ello, el optimismo renace. La isla está ahora protegida, aunque esto implique repeler a los pescadores locales, enfrentados a un dilema de supervivencia. El arrecife cobra vida poco a poco, y el equipo de Laurent Ballesta está allí para estudiar e ilustrar este renacimiento. Si los grandes peces tardan en volver, la biodiversidad está bien presente, lista para acoger tiburones y dugongos.

Fotografía y esperanza: Capturar el renacimiento
En espera del regreso de la biodiversidad, las inmersiones continúan. Florian realiza modelos fotogramétricos 3D de los arrecifes artificiales para seguir su evolución. Para Laurent Ballesta, la fotografía adquiere una nueva dimensión: « Ya no se trata sólo de sublimar, sino de ilustrar la esperanza, de buscar los signos de un renacimiento. » Las aguas verduscas de la bahía, ricas en plancton, nutren y cuidan el ecosistema en convalecencia.

En busca de las huellas:
Cada mañana, los cangrejos herradura están a la cita. Cédric, asistente de Laurent Ballesta, recorre sin descanso la llanura de barro para localizarlos, rastreando sus huellas. La cola del cangrejo herradura deja un ligero surco a su paso, una traza efímera que Cédric se esfuerza por seguir. Un día, descubre una doble huella y sigue el rastro para encontrar una pareja en pleno apareamiento. El macho, dotado de una muesca para aferrarse a su pareja, resulta poco emprendedor, y el apareamiento dura 15 días, durante los cuales la hembra debe soportar este peso.

Reproducción y simbiosis:
Tras el apareamiento, las hembras regresan a la orilla para depositar sus huevos en la arena. Liberadas de sus obligaciones reproductivas, los cangrejos herraduras vuelven a las profundidades, escoltados por carángidos dorados, peces oportunistas que aprovechan el arado del cangrejo herradura. Bajo la carapace de este último, otro mundo se revela: una población de camarones viviendo entre sus patas.

La amenaza humana:
La vida pacífica del cangrejo herradura podría parecer eterna, pero el hombre ha descubierto un tesoro en él: su sangre azul. Esta hemocianina, que contiene Límulo Amebocito Lisado, es indispensable para detectar bacterias en las vacunas. El precio exorbitante de esta sangre (14 000 dólares por litro) impulsa la captura de 500 000 cangrejos herradura cada año, de los cuales se extrae el 30% de la sangre. Debilitados, los supervivientes a menudo mueren después de la operación. En la bahía de Delaware, el 75% de los cangrejos herradura han desaparecido desde los años 80, clasificando a la especie como vulnerable. Afortunadamente, en Pangatalan, el cangrejo herradura encuentra un refugio de paz. Proteger la isla es proteger a estas criaturas. Una isla, un cangrejo herradura, una idilio.
Este artículo, escrito inicialmente por Laurent Ballesta para la edición impresa de PLONGEZ!, ha sido adaptado para la web.
Fotos © Laurent Ballesta.