A mediados de abril, se pescó un hermoso y raro ejemplar de langosta, totalmente azul, en la bahía de Saint-Brieuc. Primero recuperado por un restaurador, el animal finalmente fue acogido por el acuario Océanopolis de Brest.
Contrariamente a lo que se ha podido leer o escuchar en los últimos días, las langostas azules no son extremadamente raras, como nos explica Sébastion Cadiou, jefe de equipo del pabellón de Bretaña en Océanopolis: « Todas Las langostas en Bretaña son azules, pero un azul que frecuentemente tiende hacia el marrón o incluso el naranja. Lo que hace que este ejemplar sea realmente único es la intensidad, la profundidad de ese azul, parece salido directamente de un cuadro. »
El color extraordinario del crustáceo se explica por un fenómeno genético relacionado con los pigmentos. Todas las langostas bretonas poseen un pigmento azul, llamado crustacianina (a diferencia de sus primas americanas que son verdes), así como un pigmento rojo, la astaxantina. Los dos colores se mezclan para dar un tono cercano al marrón con matices más o menos azules según los individuos. Sin embargo, sucede —y es extremadamente raro— que una langosta presente una anomalía genética y tenga en su caparazón solo uno de los dos colores, el azul.

Pero también se puede producir el fenómeno inverso: el crustáceo azul de Brest tendrá que compartir protagonismo con « una langosta totalmente naranja que ya está presente en el acuario, ¡y es una mutación genética aún más rara y particular! » precisa Sébatien Cadiou. El nuevo ocupante ya se ha unido a su congénere y los dos animales, ubicados en dos tanques uno al lado del otro, son visibles al público en el pabellón de Bretaña de Océanopolis.
La historia podría haber tomado un giro diferente para el pobre animal que se encontraba la semana pasada en un restaurante de Binic, La cabane à crabes, a más de 140 km de Brest. Afortunadamente, « El restaurador conocía a alguien en Océanopolis y lo contactó para que vinieran a buscar al animal, cuenta Sébastien Cadiou, no tenía ninguna intención de cocinarlo pues era tan hermoso. »
Margot HartyImagen de portada: ©Océanopolis