La llegada al mundo marino es una experiencia radicalmente diferente según se sea delfín, pez o crustáceo. Todos, ya sea que comiencen su vida en estado larvario o en una forma en miniatura ya desarrollada, deben enfrentar numerosas pruebas para desarrollarse plenamente en el agua.

El Nacimiento en los Peces: Una Cuestión de Supervivencia
La mayoría de los peces nacen de un ovocito puesto por la hembra, posteriormente fecundado por la esperma del macho. El huevo así creado se desarrolla, a veces bajo la supervisión parental, a veces llevado por las corrientes. Las especies pelágicas dejan que sus huevos deriven en el mar abierto, sin protección. La eclosión ocurre cuando el oxígeno interno se agota.
El Ictioplancton: Un Viaje Arriesgado
La larva de pez, a menudo diferente al adulto y necesitando sufrir metamorfosis, descubre el océano sola. Estas larvas forman el ictioplancton, cuya entrada al mundo es peligrosa. Depredadores (sifonóforos, crustáceos copépodos, peces planctívoros) son algunos de los obstáculos a superar. La transparencia y la dispersión ofrecen una protección limitada: el 99% de las larvas perecen. Los peces pelágicos compensan al poner un número colosal de huevos. El pez luna (Mola mola), por ejemplo, puede poner hasta 300 millones de huevos al año.
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