Cómo gestionar correctamente el ascenso en buceo

Frustración o liberación, el ascenso a la superficie es un momento crucial durante sus inmersiones. Con un poco de entrenamiento, descubrirá que gestionar bien este ascenso no es tan complicado. Pronto se dará cuenta de que será capaz de ascender con las aletas en la nariz. El ascenso: un momento clave El ascenso es esencial […]

Frustración o liberación, el ascenso a la superficie es un momento crucial durante sus inmersiones. Con un poco de entrenamiento, descubrirá que gestionar bien este ascenso no es tan complicado. Pronto se dará cuenta de que será capaz de ascender con las aletas en la nariz.

El ascenso: un momento clave

El ascenso es esencial porque la disminución de la presión provoca la evacuación del nitrógeno acumulado en su cuerpo durante la exploración. Paralelamente, los volúmenes de gas presentes en las cavidades aéreas aumentan. Por lo tanto, es crucial adoptar una velocidad de ascenso regular y sin movimientos bruscos, acompañada de una ventilación amplia, para evitar accidentes de descompresión y barotraumatismos en los oídos, senos o pulmones.

Tomar referencias

Para estimar su velocidad de ascenso, utilice todos los puntos de referencia disponibles, sean fijos o móviles. Uno de los mejores puntos de referencia, siempre eficaz incluso en caso de visibilidad nula, es la burbuja. Al exhalar, una serie de burbujas se escapará por su regulador. Las burbujas más pequeñas, comparables a las de champán, suben a aproximadamente 15 metros/minuto. En lugar de seguir todas las burbujas, elija una y concéntrese en ella hasta que cambie de tamaño. Si asciende sin sobrepasarla, su velocidad es adecuada. Si está ligeramente por debajo de esta velocidad, no hay problema, siempre que su ordenador de buceo recomiende una velocidad de 10 metros/minuto. Simplemente asegúrese de no estar en posición de parada o en descenso. Otros puntos de referencia visuales pueden incluir una pared, un relieve submarino, una computadora o un profundímetro, así como el barco en la superficie o su guía de grupo, que es su principal indicador de velocidad.

Afinar sus sensaciones

Una vez cómodo, concéntrese en sus sensaciones. Por ejemplo, el aire inyectado en el oído medio se dilata, provocando un ligero crujido normal. Si sus oídos silban, es posible que esté ascendiendo demasiado rápido. Inversamente, si siente una presión aumentada, indica que está descendiendo. Para remediar esto, aférrese a la cuerda, detenga el descenso y ascienda calmadamente, mano sobre mano. Deje que sus sentidos se expresen. Buceando en un ambiente cálido sin traje, preste atención al agua que resbala por su piel y al movimiento de su cabello, ya sea recogido o flotante. Repita regularmente estos ejercicios de concentración, incluso con los ojos cerrados.

Utilizar el pulmón lastre

El pulmón lastre es esencial: sirve tanto de acelerador como de freno. Para despegar del fondo, tome una gran inspiración, asegurándose de que su equilibrio es correcto. Si es necesario, infle su chaleco para ajustar su flotabilidad o dé algunas aletas para iniciar el ascenso. En el camino hacia la superficie, controle su velocidad modulando su respiración. Si no logra ralentizarse, purgue su chaleco. Anticipe los movimientos, ya que la inercia en el agua es significativa. En general, evite nadar demasiado, ya que Arquimedes ya lo empuja hacia la superficie. Forzar su ascenso puede llevar a un agotamiento o, peor, a un ascenso en pánico.

Dominar su chaleco

Sin dominio, la potencia es inútil. Debe poder acceder a sus purgas con los ojos cerrados, de lo contrario, corre el riesgo de ascender demasiado rápido. Para ascender, utilice tanto la purga rápida en pequeños toques como la purga lenta de manera equilibrada. Se aconseja tener el reflejo de la purga rápida alta, siempre eficaz en posición vertical, ejerciendo pequeñas presiones de un segundo. Para la purga lenta, vacíe el aire regularmente, levantando bien el brazo para evitar que el aire se quede atrapado. Recuerde que un ascenso rápido puede ser peligroso y no ser suficiente para detenerse; por eso, la purga rápida es esencial. Si ha purgado demasiado aire, ¡no vuelva a inflar! Utilice mejor la cuerda o aletee ligeramente para evitar volver a descender. Importante: debe ser capaz de realizar un punto de parada a -3 m, con el chaleco vacío y una flotabilidad nula. Este criterio le ayudará a ajustar su lastre.

Entrenar

Practique sus movimientos con el chaleco, sentado en seco, con los ojos cerrados o usando una máscara, para desarrollar automatismos. En el agua, deje que sus manos se deslicen por la cadena a la velocidad adecuada mientras observa, para asociar sensaciones táctiles y visuales. En mar abierto, acompañe a su guía observando las pequeñas burbujas: elija una, señálela y sígala unos metros antes de pasar a otra. Abajo, en la arena, trabaje su equilibrio con el pulmón lastre para dominar mejor su ascenso. En flotabilidad nula, inhale profundamente y observe cómo el fondo se aleja para tener una idea de su velocidad. Exhale ligeramente después de haberse elevado unos 50 cm y sienta la disminución de velocidad relacionada con sus exhalaciones y la inercia.

¿Qué velocidad?

Las tablas de buceo recomiendan una velocidad de ascenso de 15 a 17 metros/minuto, mientras que la mayoría de las computadoras están programadas entre 10 y 12 metros/minuto. Esto significa que asciende un metro cada 4 segundos con las tablas y de 5 a 6 segundos con una computadora. Después de una parada, ascienda a velocidad reducida a 6 metros/minuto, es decir, un metro cada 10 segundos. No es necesario realizar una parada de seguridad después de una subida demasiado rápida, ya que puede ser contraproducente. ¡Tómese su tiempo! Mantenga estos valores en mente para gestionar mejor su velocidad durante el entrenamiento y disfrutar plenamente de sus inmersiones.

Este artículo, inicialmente escrito por Antoine Mettra para la edición impresa de PLONGEZ!, ha sido adaptado para la web.

Ilustración © Franck Girelli.

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